Tras los retozos, la huida del macho

El hemigramo de cola encintada es un precioso pececillo muy apreciado por los acuariófilos principiantes, porque, además de su belleza, tiene una gran capacidad de adaptación y, muy robusto, puede vivir en aguas de 10°. Plateado, un rombo azul-negro en la base de la cola, cruzado por una raya del mismo color que contrasta con el rojo intenso de las aletas, hace de él un pez de múltiples reflejos. En grupo, dentro de un acuario esta especie ofrece un bello efecto. En estado salvaje el hemigramo se encuentra en Argentina, en la latitud de Buenos Aires, en la región del Plata. Su alimentación es muy variable, aunque prefiere devorar larvas de insectos, o pequeños insectos adultos caídos al agua o arrastrados por las crecidas. No obstante, en caso de necesidad, puede hacerse vegetariano y comer algas o las hojas tiernas de algunas plantas acuáticas. La reproducción no es muy original, pero sí espectacular. Los huevos y el esperma son emitidos durante las carreras y persecuciones amorosas, en las que la hembra persigue al macho o viceversa. Los huevos, semiadhesivos, se pegan a las plantas o a las rocas y se desperdigan por los alrededores. El macho, por su parte, se ve obligado a buscar un buen escondrijo para evitar el belicoso humor de la hembra que, poseída de un feroz ardor, puede llegar a matar a su compañero. La eclosión de los huevos que no han sido tragados por los padres tiene lugar 24 h después de la puesta. Los alevines se hacen adultos al cabo de tres meses.

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