Actinia roja

Una "flor" venenosa...

Esta pequeña anémona de mar, también llamada tomate de mar, de color rojo vivo, vive en la zona de equilibrio de las mareas. Sujeta a la roca por un disco adhesivo muy ancho, no saca jamás su bella corona de tentáculos fuera del agua y sólo aparece en marea baja en forma de una bola roja oscura y viscosa; en efecto, una corona de músculos bucales le permite esconder sus tentáculos en el interior de su cuerpo cuando el mar se retira. La actinia se contenta entonces, hasta la siguiente marea, con el agua contenida dentro de su cuerpo. El revestimiento exterior de la actinia está cubierto por una verdadera batería de armas microscópicas, gruesas células especializadas: los nematoblastos o cnidoblastos, capaces de arrojar flechas envenenadas a los flancos del adversario. Esta arma es a la vez defesiva y ofensiva, y la anémona se sirve de ella para alimentarse capturando pequeñas presas: su forma de alimentación queda ampliamente completada por una absorción directa, a nivel de las células, de las partículas nutritivas en suspensión en el agua de mar. El género Actinia comprende anémonas que tienen la costumbre de alimentarse de una forma muy particular. A menudo reunidas en grupos en los lugares donde rompen las olas, esperan a que se pierda un banco de pequeños peces y que sea proyectado contra las rocas para ir atrapando a los desafortunados al pasar. Se ha podido observar, en una bahía rocosa descubierta en marea baja, a un grupo de actinias que con este sistema habían capturado peces demasiado largos para ellas, que sobresalían de su boca.

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