Actinothoe

Si su presa intenta huir, le inocula un violento veneno

El delicado aspecto de esta anémona le viene dado por la gracia de sus pálidos tentáculos cuya base está realzada por un toque púrpura. Se la encuentra frecuentemente en las costas europeas, de 15 a 20 m de profundidad, adherida sólidamente a las paredes más verticales o a las hendiduras de las rocas. Bajo su aspecto inofensivo, este animal es un temible carnívoro. Como vive adherida, la anémona no puede perseguir a sus presas, pero dispone de sistemas muy eficaces y mortíferos que suplen esta desventaja. Estos animales, especialmente sensibles al contacto, lo son quizá también a los olores. Lo cierto es que, cuando una presa toca un tentáculo, todos los demás se inclinan también para contribuir a apresarla. Estos tentáculos poseen numerosas células con enormes propiedades adhesivas, los coloblastos. Pero como las presas capturadas son frecuentemente animales muy vivos, (camarones por ejemplo) este medio es insuficiente para retenerlas. La presa, tratando de liberarse, sacude a la anémona, lo que provoca la salida, por unos minúsculos agujeros abiertos en la pared de la columna, de centenares de finos filamentos urticantes que acribillan a la presa. Estos filamentos, llamados acontios (pequeños dardos), provienen de las paredes membranosas que dividen la cavidad interna de la anémona. Llevan en su superficie células especiales: los nematocistos (de nematos, filamento). Provista de un cilio sensible, estas células, al menor contacto, liberan un dardo acerado que inocula un violento veneno. La víctima, paralizada al momento, muere.

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