Anémona parásita

Asociación con beneficios recíprocos: la simbiosis

Las anémonas de mar tienen un cuerpo blando, sin esqueleto, formado por una cavidad cilindrica de cuyas paredes se extienden, hacia el centro, a manera de rayos, unas láminas verticales membranosas en número de 6 (o múltiplos de 6) que delimitan unas celdillas. Esta cavidad se comunica con el exterior mediante un orificio único rodeado por un gran número de tentáculos de colores rosados. Se encuentra frecuentemente en las costas europeas. Rara vez está ádherida a una roca o un alga. La mayor parte de las veces se la encuentra sobre las conchas de grandes moluscos del género Buccin, ocupadas por un ermitaño. El número de anémonas que vive sobre una caracola sólo está limitado por la superficie que ésta tenga. Las mayores se encuentran adheridas a los costados, lo más cerca posible de las patas del paguro. Los tentáculos de la anémona pueden así coger mejor los restos de alimentos que a éste se le escapen. El término de “parásita” no debe hacernos pensar que sólo la anémona se beneficia de la asociación. Por supuesto, aprovecha las ventajas del desplazamiento y del alimento. Una caracola sin paguro-huésped es automáticamente abandonada. El crustáceo, por su parte, debe beneficiarse también, ya que si ponemos a uno cerca de una concha vacía y cubierta de anémonas, no tarda en ocuparla. Si situamos a un paguro sin anémona en presencia de anémonas fijadas sobre piedras, por ejemplo, veremos cómo agarra a una con las pinzas y empieza a sacudirla. La anémona se retrae y se suelta de la piedra. El paguro la aplica a su caracola para que pueda adherirse a ella.

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