Arao de Brunnich

Anida en los acantilados de los mares árticos

Entre las muchedumbres de aves que acuden a anidar en los acantilados que dominan el mar, a ambos lados del Atlántico Norte, los araos son sin lugar a dudas los más fascinantes por su singular conducta cuando incuban. De pie o acostada sobre su único huevo, depositado incluso en la piedra, el ave vuelve la espalda al mar, pero con frecuencia se pelea con los vecinos lanzando profundos gruñidos. Cuando el pollito tiene dos semanas, todavía con pocas plumas, sus padres dejan de alimentarle y casi le obligan a saltar al mar, desde una altura a veces vertiginosa; si llega al agua sano y salvo, sin ser atrapado por una gaviota, nada y se sumerge enseguida, pero aún se le alimenta durante algún tiempo. En estas pobladísimas colonias, que se forman durante cuatro meses, los araos de Troll son generalmente los más numerosos, pero, a partir de Islandia y de Noruega septentrional, y en número creciente cuanto más hacia el Norte se va, los araos de Brünnich se mezclan en sus filas. En Spitzberg y en Nueva Zembla, por ejemplo, esta última especie domina ampliamente. Tiene un aspecto casi igual, pero con un pico más macizo y un ancho trazo blanco en su base, lo que permite identificarle. A pesar de su parecido, su estrecha vecindad y sus huevos idénticos, estos dos araos no parece que se hibriden. El arao de Brünnich no abandona los mares árticos, donde pesca todo el invierno lejos de las costas. Como todos los álcidos, se alimenta sobre todo de peces y se sumerge hasta unos 8 ó 10 m de profundidad durante 1 ó 2 minutos.

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