Artemia

Un crustáceo de los lagos salados

El cuerpo de la artemia, totalmente desprovisto de caparazón, comprende la cabeza y el tronco, que tiene de once a diecinueve pares de apéndices. Estos últimos sirven a la vez como aparato filtrante para la recolección de alimento, como aparato respiratorio y como órganos locomotores. Sus movimientos son muy rápidos y en un minuto un apéndice puede ser agitado 400 veces. La artemia se alimenta de partículas en suspensión en el agua o de otros minúsculos crustáceos. Es un animal adaptado para vivir en las “aguas de estación”. Sus huevos son capaces de soportar sequías prolongadas (3 a 4 años) esperando el retorno de las condiciones favorables para su eclosión. Artemia salina se ha adaptado a vivir en aguas cuyo contenido de sal es muy elevado. Se la encuentra en cantidades a menudo considerables; así, en la laguna Sivache, próxima al mar de Azov, se han llegado a encontrar 13 g por m2, lo que, para el conjunto de esta vasta superficie de agua, equivale a unas 14 000 toneladas. Para la reproducción, macho y hembra, enganchados uno al otro, dan vueltas durante horas y se aparean cada cuatro o cinco minutos. Los huevos se desarrollan y hacen eclosión dentro de una bolsa incubadora o, si las condiciones son adversas, se rodean de una capa protectora antes de ser puestos. En la Artemia salina el desarrollo postembrionario dura de 6 a 8 semanas en las regiones templadas. A medida que aumenta la salinidad del agua, se nota un acortamiento del cuerpo, especialmente de la parte que sostiene los apéndices. Por ello, según los lugares, el aspecto del animal es bastante variable.

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