Aurelia

Sus cápsulas urticantes son débiles

Se trata de una especie muy cosmopolita y que no supone ningún peligro para el hombre. La aurelia es uno de los representantes más comunes de la clase de los Escifozoa-rios. A este grupo pertenecen casi todas las medusas que habitualmente pueden verse sobre nuestras playas formando masas gelatinosas e informes. Dentro del agua del mar se produce el encuentro entre los óvulos y los espermatozoides expulsados por la boca de las medusas. Algunos días después nacen unas minúsculas larvas ciliadas, las plánulas, que nadan libremente entre el plancton. No obstante, la duración de esta vida errática es breve: al cabo de dos semanas ya se fijan (generalmente sobre las laminarias) y se convierten en pólipos o esficistomas. Estos son de pequeñas dimensiones (menos de 1 cm de longitud) y recuerdan a las hidras de agua dulce. El pólipo se reproduce principalmente por multiplicación asexuada: a ló largo de todo el cuerpo aparecen sucesivos surcos transversales en anillo, lo que le da el aspecto de una pila de platos. Los tentáculos sufren una regresión y la alimentación queda entonces asegurada por la corriente de agua que crean los cilios. En realidad estos «platos» o surcos no son otra cosa que jóvenes larvas medusoides llamadas eíiras, que en seguida se desprenden para originar medusas libres. Pasados tres meses alcanzan la madurez sexual y ya se convierten en auténticas medusas con sus correspondientes tentáculos. El régimen alimenticio de la aurelia se compone sobre todo de presas planctónicas capturadas mediante los tentáculos (flagelados, larvas de moluscos o crustáceos). Por otro lado, al entrar en contacto con la umbela de la medusa, las partículas quedan revestidas de un mucus y son los cilios los encargados de transportarlas hasta unas pequeñas fosas especiales, en espera de ser llevadas hasta la boca.

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