Avetoro común

Su voz se asemeja al mugido de un toro

El avetoro está emparentado con las garzas, pero se distingue de ellas por su cuello más corto y por la curiosa manera que tiene de quedarse inmóvil, con el cuello y el pico dirigidos hacia el cielo, como si mirara al sol. Esta aptitud le ha dado el nombre español de «mirasol». Cuando se examina a un avetoro de cerca, se observa que sus ojos están orientados hacia abajo y que cuando el animal levanta el pico hacia arriba, en realidad está mirando al frente, en horizontal. Además de su plumaje pardo moteado, su facultad de permanecer inmóvil incluso cuando se le aproximan, le asegura un perfecto resguardo y un camuflaje por lo menos original. Antaño, el avetoro constituía una pieza de caza muy buscada. La caza incontrolada de que se le hizo objeto, junto con la progresiva desaparición de las zonas húmedas y pantanosas de Europa, han disminuido considerablemente los efectivos de esta ave. Se la ve raramente, incluso en los lugares que frecuenta. Si es más o menos invisible, el avetoro señala su presencia mediante gritos muy particulares, que se parecen, e incluso pueden confundirse, a los mugidos lejanos de un toro solitario. Es muy difícil localizarlo por su voz, ya que esta especie de mugido grave parece salir a la vez de todas partes y de ningún sitio. Se puede llegar a oír el grito del avetoro en un radio de tres o cuatro kilómetros siempre que, por supuesto, el lugar sea tranquilo. El avetoro se alimenta de ranas y de pececillos que pesca habilidosamente, al acecho, como una garza. Se traga enteras a sus presas.

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