Avispa gallícola

Su larva se desarrolla en los tejidos vegetales

La avispa gallícola, de la que se conocen numerosas especies, y quedan aún bastantes por descubrir, es uno de los Himenópteros más pequeños. Está vagamente emparentado con las avispas, de las que tiene el mismo aspecto, aunque su abdomen rechoncho es más globuloso. Lo curioso de este minúsculo insecto reside en el hecho de que, para asegurar su descendencia, inflige una tortura de forma particular a los vegetales. En efecto, la hembra fecundada busca una planta-huésped adecuada, que varía según la especie. Luego, pone sus huevos aisladamente en los tejidos del vegetal. Al hacer eclosión el huevo, la planta en la que se encuentra el parásito comienza a hincharse alrededor de la larva, que segrega una sustancia hormonal estimuladora de la proliferación de los tejidos vegetales. Se forma así una agalla, que va creciendo a medida que se desarrolla la larva. El aspecto de las agallas varía en función de la especie de avispa gallícola. Pueden ser esféricas, como las que crecen en las hojas de la encina; otras presentan la forma de dedos, o están recubiertas de excrecencias que parecen pelos. Durante este tiempo, bien refugiada de los parásitos y de los predadores, la pequeña larva vermiforme prosigue su desarrollo, alimentándose del vegetal. Llegada al término de su vida larvaria, se transforma en ninfa y después en insecto adulto. En ese momento la avispa gallícola cava una galería con sus mandíbulas y se marcha, libre al fin, para aparearse y morir poco después. Se ha descubierto que algunas especies de avispas gallícolas están constituidas exclusivamente por individuos del sexo femenino, que se reproducen por partenogénesis, sin la intervención de los machos para fecundarlas.

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