Cangrejo furioso

No está tan furioso conno su nombre indica

El cangrejo furioso tiene muchos nombres. El calificativo de furioso le ha sido dado porque mantiene constantemente sus grandes pinzas colocadas hacia delante, en una actitud amenazadora. No obstante, no está más furioso que cualquier otro cangrejo y lo único que quiere es vivir en paz en su dominio costero de arena y fango. El cangrejo furioso coloniza un número bastante grande de hábitats, y se le encuentra tanto en las costas rocosas como en las marismas y en los cenagales. Abunda en todos los lugares donde la naturaleza del terreno le proporciona suficientes sitios donde esconderse. Este cangrejo, al igual que un buen número de crustáceos semiacuáticos, no necesita agua absolutamente salada y se adapta muy bien a las aguas salobres de los estuarios. Una concentración salina de un sexto de la del agua de mar le es ampliamente suficiente para vivir. El cangrejo furioso es omnívoro y no desdeña ni la carne podrida. Todo le parece bueno para comer y se pone en seguida a regalarse, después de haber probado delicadamente con la punta de sus palpos la presa o el desecho encontrado en el curso de sus desplazamientos. Durante la estación cálida, este cangrejo se desplaza siguiendo el flujo y el reflujo de la marea. En invierno, prefiere mantenerse en el fondo del agua, donde reina una temperatura constante. Es curioso observar cómo un cangrejo furioso, sacado de su medio y criado en acuario, muestra signos de agitación periódica, correspondiendo exactamente con el ritmo de las mareas de su hábitat natal. Estas fases de actividad parecen estar regidas por una especie de reloj fisiológico de su sistema nervioso.

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