Capricornio de La Reunión

La despoblación forestal está acabando con él

El capricornio de La Reunión o, para ser más precisos, el mecoaspis peregrino, es uno de los muchos longicornios que viven en las islas Mascareñas. Existen en esta inmensa familia dos o tres representantes cuya talla sobrepasa a la especie de que hablamos; se trata de los Batocera sp. de potente y zumbador vuelo. El mecoaspis se distingue de los demás longicornios por su magnífico color azul acero oscuro, que se aprecia en todo su esplendor cuando el coleóptero se posa en un tronco a pleno sol o cuando vuela sobre un campo roturado. Es un insecto forestal, cuya larva se desarrolla dentro de los troncos y, en general, de la madera. Es muy difícil observar a un adulto, porque sobrevuela las copas de los árboles. Pero se talan muchos árboles en La Reunión. Así, considerando poco satisfactorias las selvas endémicas, únicas en el mundo, situadas en los flancos escarpados de los picos volcánicos de la isla (jóvenes todavía, geológicamente hablando), los servicios oficiales han emprendido su tala sistemática para reemplazarlas por criptomerias de Japón. Estos árboles exóticos crecen más rápidamente que las especies de madera dura endémicas y proporcionan un buen rendimiento. En resumen, todo es cuestión de puntos de vista, pero para el naturalista, preocupado por el porvenir de las especies vegetales y animales, la realidad económica de los países y territorios en vías de desarrollo es dramática. Muchas especies de insectos muchas modestas e incluso insignificantes han sucumbido ya a la pretendida valorización de los biotopos primitivos.

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