Cerianthus

Nadie iguala su gracia en el mundo animal

El cerianthus es probablemente el animal marino más maravilloso. De hecho, necesitaríamos mucha imaginación para advertir que esta flor, tan elegante como delicada, es un animal. Por su aspecto general, el cerianthus recuerda a las anémonas de mar, pero se diferencia de ellas por su estructura morfológica interna. Se conocen cerca de 200 especies, que forman un orden distinto. Los tentáculos o brazos raptores del cerianthus son más alargados y generalmente más numerosos que los de las anémonas de mar. El cerianthus vive aislado y entierra su tubo en la arena del fondo marino. Los tentáculos, dispuestos en dos planos concéntricos, están erizados de glándulas venenosas. Cuando el animal se inquieta, se retrae rápidamente y se esconde en el fondo de su tubo protector. Para alimentarse, este extraño animal extiende sus tentáculos en todos los sentidos por el agua y el fondo, atrapando a las criaturas marinas que pasan a su alcance. Los pececitos constituyen una presa muy apreciada por el cerianthus, cuyo veneno ejerce una acción paralizante instantánea. Existe, no obstante, un cierto número de pececitos de mares cálidos, los amphipriones: están completamente inmunizados contra el veneno del cerianthus. Buscan su compañía y pasan la mayor parte del tiempo acariciando los tentáculos del cerianthus que les alberga. Al menor signo de alarma, los amphipriones se precipitan al centro mismo del cerianthus, donde se encuentran seguros. Este fenómeno no es una simbiosis verdadera, porque el cerianthus no obtiene ningún provecho de la asociación. Los especialistas afirman que se trata de un caso de comensalismo.

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