Concha de peregrino

Una concha que se propulsa a reacción

La concha de peregrino es probablemente la concha bivalva de la que más se ha hablado. Su historia comienza al principio de la Edad Media. Este molusco presenta muchas peculiaridades. Es, junto con la lima, el único bivalvo capaz de nadar. Posee una multitud de ojos pequeños, perfectamente constituidos y funcionales, dispuestos sobre todo el contorno de su manto. Se conocen unas 300 especies de conchas de peregrino, o veneras, distribuidas por todo el mundo, y que viven en su mayor parte en las aguas litorales poco profundas, entre la zona de las mareas y los 100 metros. Normalmente, la concha de peregrino descansa libremente sobre el fondo y se pone a nadar cuando se siente amenazada. Su sistema de propulsión es casi el mismo que el de los pulpos y otros moluscos cefalópodos. Es arrojando más o menos violentamente el agua encerrada entre sus valvas como el animal avanza, razón por la cual nada a tirones. Un rasgo notable es la estructura de los múltiples ojos de la concha de peregrino. Cada ojo está provisto de un cristalino, de un iris, de una córnea, y de una retina doble. El número de ojos varía de un individuo a otro. La concha de peregrino cuenta con muchos enemigos naturales. Sus más peligrosos predadores son las estrellas de mar. Sin embargo, unos órganos sensoriales muy sutiles permiten casi siempre a la concha de peregrino descubrir la proximidad de una estrella de mar y huir nadando. La ilustración de esta ficha muestra una especie de Extremo Oriente, que vive en aguas relativamente profundas. Su color varía, pero es siempre delicado.

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