Crinoideo

Un verdadero fósil viviente

De todos los animales que han sobrevivido a lo largo de las edades ninguno ha merecido tanto el nombre de fósil viviente como los crinoideos. Estas extrañas criaturas están emparentadas con las estrellas de mar, los erizos y las holoturias. El cuerpo de los crinoideos tiene como base un tallo más o menos largo y delgado. En ciertas especies, este tallo está enraizado en el suelo del fondo marino, lo que refuerza aún más la impresión de que se trata de un vegetal con sus finas raíces. El cuerpo soporta cinco brazos guarnecidos de pínnulas, y esto confiere ai crinoideo el aspecto de una pequeña palmera. Se encuentran crinoideos en todos los océanos, donde viven a profundidades situadas entre los 150 y 9.000 m. Los crinoideos figuran entre los fósiles más antiguos que se hayan podido descubrir. Se han encontrado fragmentos de crinoideos que datan de hace más de 600 millones de años. Desde esta época precámbrica, los crinoideos han venido habitando en los mares del globo. En ciertas épocas, han abundado hasta el punto de que toda la capa caliza de algunas regiones de la tierra está formada por los depósitos de sus esqueletos. Como sus lejanos antepasados, los crinoideos actuales están formados por un 90 % de caliza, y por eso se les da a veces el nombre de «lirios de piedra». El estudio de los crinoideos se adivina difícil, porque no es posible observarlos en las profundidades donde viven. Los pocos ejemplares que han podido extraerse no han vivido mucho tiempo en acuarios. Se trata de animales hipersensibles, y la menor perturbación les acarrea la muerte. Esa es, sin duda, la razón de su supervivencia en profundidades donde el medio marino es completamente estable y tranquilo.

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