Crioceris del lirio

Una curiosa técnica de camuflaje

Los primeros conocimientos sobre la biología de este crisomélido se deben al célebre naturalista Réaumur, quien le consagró quince páginas en su segunda memoria aparecida en 1737. En estado adulto Lilioceris lilii verdaderamente llama la atención. Tiene un tamaño nada desdeñable (8 mm) y tanto el tórax como los élitros son de un precioso color bermellón que se recorta sobre, el resto del cuerpo, de color negro. Cuando se tiene a este insecto entre los dedos se escucha un chirrido que se produce por la frotación, contra el borde de los élitros, de las asperezas que lleva en el último segmento abdominal. Este crioceris se desarrolla a expensas de diversas especies de liliáceas. La incubación de los huevos, depositados sobre los órganos vegetativos, apenas tarda unos diez días y harán falta dos semanas para que las larvas resultantes de la eclosión abandonen la planta y se conviertan en ninfas, ya sobre el suelo. Estas larvas, finalizado su crecimiento, miden de 8 a 10 mm. Son bastante rechonchas, de color verdoso excepto en la cabeza, oscura, y se desplazan valiéndose de unas verrugas ambulatorias ventrales. De forma constante, cada segmento abdominal lleva varios pares de pelos cuyo punto de inserción está situado sobre una mancha negra y ligeramente endurecida. En la zona dorsal del extremo posterior del cuerpo se abre el ano: las larvas se cubren de deyecciones negruzcas que se pegan al cuerpo mediante una secreción viscosa y que son proyectadas hacia la cabeza, guiándose por los pelos. Se piensa que se trata de un tipo de camuflaje.

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