Crisomélido

Este insecto roe los frutos y los estropea

Si se siente el deseo de perderse completamente en el terreno de la entomología, basta con emprender el estudio de los gorgojos, de los estafilinos o de los crisomélidos. Ningún especialista se atrevería a decir que «domina» alguna de estas tres familias, tan inmenso es el mundo de estos coleópteros. Los entomólogos opinan que quedan en él innumerables formas desconocidas, independientemente de las últimas descubiertas y descritas. Realmente, es una disciplina en la que no faltará trabajo durante varias generaciones de investigadores. Nuestro modesto crisomélido de la pasionaria, con el cuerpo cubierto de un caparazón quitinoso bellamente adornado de amarillo y negro, es sudamericano. Se le encuentra sobre diversas plantas sarmentosas herbáceas de la jungla amazónica, pero más particularmente en algunas especies del género Passiflora. Sin embargo, aún no se puede afirmar si este crisomélido (de la familia de los clitinos) depende, para su desarrollo larvario, de las pasionarias. Sólo se ha observado que los adultos roen el parénquima de las hojas, como lo hacen los del género Galeruca, pero también roen los frutos. Las marcas que dejan por las mordeduras de las mandíbulas, se ennegrecen y se necrosan, produciendo una depreciación comercial de los frutos de la pasionaria, muy apreciados en algunas regiones de Sudamérica. Como ocurre con la mayoría de las aproximadamente 25 000 especies de crisomélidos, la biología y las formas de reproducción del que nos ocupa aún son desconocidas.

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