Equidna de Tasmania

A pesar de su especificación científica, no hay nada más «sedoso» que los parientes cercanos de la equidna de Tasmania. Sin embargo, es verdad que su capa de espinas es menos consistente y está mejor cubierta de pelos que la de su pariente T. aculeatus. Por supuesto, en este aspecto, no se puede comparar con el género Zaglossiis. La equidna de Tasmania es bastante mayor que su pariente. Esto se atribuye a la evolución insular, a salvo de depredadores. Pero nada demuestra que el tilacino no se regale alguna vez con uno de estos «erizos», si llega a sorprenderlo antes de que el desgraciado pueda enroscarse. Esta especie vive en Tasmania y en algunas islas del estrecho de Bass. No es escaso, pero sus efectivos se encuentran en regresión en varias zonas habitadas. Hay que buscar la causa en el hecho de que los habitantes capturen a estas equidnas con fines culinarios, pues su carne es muy sabrosa y no es difícil coger al animal. Como su pariente continental, la equidna de Tasmania es un excavador especializado. Cava en el suelo con una rapidez prodigiosa; en dos o tres minutos, o menos cuando el terreno es blando, el animal se entierra en el sitio donde se encuentra. Su madriguera es profunda y allí se siente seguro. Cuando el teniente Guthrie descubrió a la equidna, el 7 de febrero de 1792, describió a aquella criatura desconocida por la tripulación del «Providencia» diciendo: «No tiene cola, pero sí un cuerpo parecido al del pingüino, sembrado de púas de 2,5 cm de largo, tan fuertes como las del puercoespín.»

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