Erizo de mar

Es un manjar delicioso, pero... ¡cuidado con las espinas!

El erizo de mar es una extraña criatura; cuesta trabajo creer que esta bola de espinas sin cabeza ni cola sea un verdadero animal. Es uno de los muchos representantes del grupo de los equinodermos, que agrupa a los erizos de mar, las estrellas de mar, los crinoideos y las holoturias. La mayoría de las 900 especies de erizos de mar que existen habita en las aguas poco profundas de los mares, entre la orilla y los 200 m de profundidad. Algunos bajan hasta los 500 m. La estructura del erizo de mar es notable, ya que está organizada sobre la base de un pentágono o un múltiplo de pentágono. Las espinas recubren una especie de cáscara dura, el caparazón, de forma más o menos esférica. En la cara inferior está la boca, provista de cinco dientes y situada en el centro. La estructura del aparato dental del erizo de mar constituye una pequeña obra maestra de mecánica. Las espinas, duras y aceradas, se desprenden fácilmente tan pronto como muere el animal. El erizo de mar puede desplazarse lentamente impulsándose con unos pies ambulacrales. Algunas especies se entierran en la arena a bastante profundidad, mientras otras van cavando la roca, formando un alojamiento en el que transcurre su existencia. Con una paciencia digna de admiración, los erizos de mar van desgastando la piedra, frotándola con sus espinas. Los erizos de mar del género Strongylocentrotus han llegado a perforar pilares de sujeción de acero, de hasta 9 mm de espesor. Desde luego, es una hazaña asombrosa para un animal marino.

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