Escarabajo pelotero zumbador

En la naturaleza nada se desaprovecha

En la superfamilia de los escaraboideos hay especies cuyas larvas se alimentan de hongos y otras de excrementos, de aquí el nombre de coprófagos que se da a estos coleópteros. Muchos representantes de la familia de los escarábidos (como el escarabajo sagrado) confeccionan una pelota estercoral que la hembra y el macho, de común acuerdo, llevan rodando hasta el refugio. Aquí, esta pelota se divide en trozos; cada fragmento, en forma de pera, es el receptáculo de un huevo. En la familia de los geotrúpidos (también llamados escarabajos peloteros) rara vez se observa el comportamiento «pilular». Los dos escarabajos peloteros más comunes en Europa occidental son G. stercorarius y G. vernalis. En el primero, que alcanza 25 mm, los élitros son muy estriados y su color varía del azul al negro metálico, mientras que la cara ventral del cuerpo es violeta. El segundo, que no sobrepasa los 18 mm de longitud, tiene los élitros casi lisos, con reflejos verdosos, como el abdomen. Uno y otro vuelan sobre todo en el crepúsculo, siempre a muy poca altura y produciendo un intenso zumbido. Estos torpes vuelos cualquier cosa desequilibra al insecto conducen a los escarabajos peloteros a las proximidades de excrementos, cuya presencia es detectada de lejos gracias a su olfato. Por debajo de estas heces una pareja efímera emprende la tarea de excavar un pozo vertical, no rigurosamente rectilíneo; es la hembra la que excava el suelo y el macho evacúa los escombros. De parte a parte de la galería se abren unos divertículos (su número varía según la especie). Son obra de la hembra y su destino es recibir un pegote de excremento sobre el que pondrá un huevo.

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