Esponja sangrante

Su hermoso color rojo anaranjado le da su nombre de especie

Es la esponja más fácil de encontrar en nuestras costas rocosas, junto con su cercana pariente la Halichondria panicea. Estas dos especies córneo-silicosas, muy abundantes, son, además, las que resisten mejor la desecación en nuestras regiones y, por ello, las las que suben hasta, los niveles más altos del litoral. La esponja sangrante aparece sobre muchos tipos de superficies: en la base de las piedras, en las fisuras de las rocas, en el techo de las grutas submarinas, en los herbarios e incluso en la arena en medio de las playas. Penetra muy dentro en los estuarios, soportando muy bien el agua salobre (es eurihaliña); tiene, además, la capacidad de desarrollarse en el cieno; el animal se encuentra entonces casi cubierto por el sedimento a excepción de las protuberancias, en este caso muy importantes, que albergan los poros y los ósculos. Además, es poco sensible a la luz fuerte, así como a las variaciones del porcentaje de las materias en suspensión del agua. Sus posibilidades de adaptación son enormes, cosa rara entre los espongiarios. Aparte de la reproducción sexuada, para la cual en esta especie los sexos están separados, se observa un fenómeno de reproducción asexuada: en las paredes de la cavidad interna de la esponja se forman unos pequeños corpúsculos esféricos, membranosos y sin esqueleto, las gémulas. Están llenas de células de tipo embrionario muy poco diferenciadas, que son capaces de producir todos los demás tipos de células de la esponja. Estas gémulas se desprenden y van por el agua a adherirse a una superficie para dar lugar a un nuevo individuo.

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