Estrella esférica

Nos ha venido del fondo... de las edades

En su campaña de prospección en el golfo de Vizcaya, en 1968, el navio oceanogràfico Thalassa dragó en un fondo rocoso, a 500 m de profundidad, un animal que, a primera vista, parecía ser un erizo. Su forma esférica, muy regular, cubierta de púas, recordaba efectivamente a esos animales que no nos gusta pisar cuando nos estamos bañando. ¡ Sin embargo, el estudio en profundidad del especimen en cuestión indicó que se trataba de una estrella de mar. Presenta, en particular, las placas del esqueleto libres entre sí, mientras que las de los erizos están soldadas (por lo tanto, rígidas). Además, tiene unos pequeños pies, provistos de ventosas, únicamente en su mitad inferior mientras que los erizos tienen unas hileras que van de arriba a abajo. Por lo tanto, siempre hay que desconfiar de las apariencias y, sobre todo, en el estudio de los animales, hay que observar detenidamente antes de determinar especímenes nuevos. No se conoce ninguna otra estrella de mar, de las llamadas asteria, tan perfectamente esférica. El especimen encontrado por el Thalassa pertenece a un grupo que se creía extinguido desde hace cien millones de años. Por lo tanto, se trata de lo que se llama un fósil viviente. Las zonas profundas del mar cobijan a menudo estos animales, últimos representantes de grupos zoológicos que fueron muy abundantes y variados en los tiempos prehistóricos y que ahora, habiendo agotado sus posibilidades evolutivas, no han podido alcanzar nuestra época más que por algunas especies, refugiadas en el medio ambiente eternamente estable de las profundidades marinas.

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