Forskalia

Flota en el mar, al capricho de las corrientes

La familia de los Forskálidos, a la que pertenece Agalma elegans, cuenta con maravillosos hidrozoarios coloniales, que habitualmente viven en los mares cálidos de las regiones tropicales o subtropicales. Pero, arrastradas por las corrientes marinas, pueden encontrarse en aguas mucho más frías. En efecto, con la corriente del golfo, las cadenas de Agalma, por ejemplo, llegan hasta el mar del Norte. Pudiendo medir hasta 1 m y hermosamente coloreadas, hacen pensar magníficamente guirnaldas que flotan bajo la superficie del agua. Las forskalias están constituidas por un pequeño flotador: el «neumatóforo», bolsa de aire que tiene el aspecto de una medusa. A éste se unen varios tallos donde se insertan numerosas campanas natatorias, los «nectóforos», que pueden contraerse juntas o separadamente unas de otras. Este aparato asegura a las forskalias una cierta libertad de movimiento. Por debajo dé las campanas natatorias se encuentra el pólipo nutricio o «gas-trozoide», provisto de un largo tentáculo ramificado que lleva los «nematocistos», órganos urticantes que consisten en una cápsula prolongada por una especie de tubo. En reposo, éste está replegado en el interior de una cápsula, que encierra una sustancia tóxica. Cuando una posible presa roza un nematocisto, el tubo se desenvaina y atrapa la presa, le inocula el contenido de la cápsula y le ocasiona la parálisis o incluso la muerte de la víctima. Las forskalias son muy frágiles, lo que hace delicada su captura; siendo así apenas posible criarlas en acuarios, por lo que su biología no es de las mejor conocidas.

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