Gibbula

Su concha se utiliza para hacer botones

Las numerosas especies de gibbulas se asemejan a las caracolas y los bígaros. Deben su nombre inglés «topshell» al hecho de que recuerdan a las antiguas peonzas de cuerda del siglo pasado. Las gibbulas no sólo tienen la forma y el colorido de aquellas peonzas infantiles, sino que, al desgastarse con el roce, la punta de la concha se torna nacarada y parece el pivote metálico sobre el que giraban aquellos juguetes. La cabeza de la gibbula tiene un par de apéndices sensoriales, en los que residen el gusto y el tacto. Cada uno de estos tentáculos está provisto de un ojillo cerca de la base. Cuatro o seis tentáculos se desarrollan en el pie pero no se sabe a ciencia cierta cuál es su función. Hacia la parte trasera del cuerpo se encuentra un opérculo calizo, que se ajusta a la abertura de la concha cuando el molusco se mete dentro, asegurándole así una protección completa. La mayoría de las especies de gibbulas viven en los mares cálidos. Estos moluscos se fijan preferentemente a las rocas y a los corales y evitan la arena y el limo que podrían obstruir sus branquias. Las gibbulas pertenecen al grupo más primitivo de los gasterópodos prosobranquios, que tienen un corazón con dos aurículas, una branquia y dos riñones. Una de las mayores especies es la «gibbula botonera», que crece en la Gran Barrera de Australia y en los arrecifes de coral indo-pacíficos. Su diámetro de base alcanza los 16 cm. Se utiliza su nácar interior para fabricar botones. La carne de estos moluscos se seca y se ahúma para ser vendida a los orientales que la consumen en grandes cantidades.

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