Gordiano

Sólo es parásito en estado larvario

Existen unas 200 especies de estos gusanos largos y finos como crines de caballo. Presentes en todas las aguas dulces, desde torrentes de montaña hasta charcas temporales, los gordianos sólo son parásitos durante su estadio larvario. Los adultos, que no se alimentan, pasan su corta vida en el agua, acoplándose y poniendo sus huevos, para morir después. Los huevos, microscópicos e innumerables, se depositan en cordones gelatinosos que, al inflarse con el contacto del agua, forman unas masas espesas pegadas a las piedras y a las plantas acuáticas. En la eclosión, las minúsculas larvas presentan un aspecto cilindrico y están armadas con una trompa eréctil provista de estiletes y de ganchos. Para desarrollarse, estas larvas necesitan un huésped específico, cárabo, saltamontes, coleóptero acuático, etc. Puede suceder, por ejemplo, que sean tragadas por una larva de mosquito o por un renacuajo, que inmediatamente serán a su vez devorados por un coleóptero acuático... O también que las larvas se enquisten sobre las plantas de los ribazos y, si las aguas bajan, sobreviven en espera de ser tragadas por un artrópodo terrestre. Una vez dentro de un huésped conveniente, la larva de gordiano se libera de su envoltura, perfora la pared del intestino donde se encuentra y va a ubicarse en el cuerpo del insecto, alimentándose de sus tejidos. En algunas semanas, se transforma en gordiano adulto, estrechamente enrollado sobre sí mismo y llenando buena parte del cuerpo del huésped. Este, posiblemente incitado por su estado, busca agua; el gordiano aprovecha la ocasión para llegar hasta el líquido elemento donde se reproducirá.

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