Kiwi

Detecta los gusanps de tierra con la punta de su pico

El kiwi, también conocido con el nombre de aptéryx, es sin duda el ave más curiosa que existe. Solamente vive en Nueva Zelanda, donde se encuentran tres especies. Del tamaño de una gallina, esta ave, que no merece el nombre de volátil porque carece en absoluto de alas y, por consiguiente, no puede volar, está recubierto de un plumaje constituido por una especie de pelos con barbitas. La base de su pico está rodeada de un opulento bigote de pelos táctiles. Tiene los ojos muy pequeños y no le sirven de mucho, pues esta ave tiene costumbres nocturnas. Las patas son en extremo robustas y parecen demasiado gruesas para un cuerpo de su tamaño. El pico es probablemente el atributo más extraordinario del kiwi. Muy largo, ligeramente arqueado y flexible, está cubierto por una membrana cutánea recorrida por nervios. Las fosas nasales situadas cerca de su extremo —contrariamente a las de las demás aves, que las tienen en la base— tienen, a lo que parece, una función olfativa absolutamente única en el mundo de los animales emplumados. El kiwi sale de su escondrijo por la noche y se afana por buscar gusanos de tierra y larvas de insectos, que constituyen su régimen alimenticio. La vida secretísima que lleva el kiwi en lo más profundo de los bosques se conoce poco todavía. El kiwi hace su nido en un tronco hueco o entre dos gruesas raíces de árbol. Pone un solo huevo, pero gigantesco, que alcanza el tamaño de un huevo de casuario, lo que resulta enorme para un ave de la talla de una gallina. Con relación al cuerpo del ave, es el huevo más grande.

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