Krill

Este minúsculo langostino alimenta a las ballenas gigantes

Knll es una palabra de origen noruego, que abarca varias decenas de especies de pequeños langostinos, que constituyen el alimento de las ballenas grandes. La especie más comúnmente representada es la eufausia, que ha dado su nombre al extenso orden de las eufausiáceas. Esta especie de langostino mide de 5 a 7 cm de largo y vive exclusivamente en las aguas frías de los océanos, en los parajes polares del Norte y en las cercanías del Antàrtico. El krill pasa toda su existencia flotando en mar abierto, donde se alimenta de organismos planctónicos animales y vegetales. El krill, a su vez, forma un superplancton, cuya masa es difícil de calcular, pero que se podría cifrar sin duda en centenas de millones de toneladas. En el Antàrtico, durante la época de la abundancia del krill, se han medido bancos de una densidad de 18 kg de animalillos por metro cúbico de agua. Los especialistas estiman que, durante el verano austral, las grandes ballenas consumen por sí solas más de 150 millones de toneladas de krill. Los bancos de krill presentan por lo general una forma oblonga y, desde un avión, se divisan como una masa blanquecina o roja, según la especie de eufausia que los componga. Los krill nadan con gran rapidez y se dan vueltas entrecruzándose en un corro incesante. Ponen sus huevos a unos 250 metros de profundidad. Las larvas que salen de ellos pasan por una serie de fases diferentes, en el transcurso de su juventud rica en metamorfosis, para convertirse por fin, pasados dos años, en verdaderos krills. La biología de estos crustáceos es increíblemente compleja y aún no está completamente explicado el mecanismo de sus ciclos de abundancia.

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