Lepisosteo óseo

Cuerpo de lucio, hocico de gavial

Los lepisosteos son peces arcaicos, verdaderos fósiles vivientes, con el aspecto general de un lucio, de ahí que también se les llame lucios de hocico. Su cuerpo es alargado, casi cilindrico, con la anal y la dorsal próximas al pedúnculo caudal. Como en el lucio, esta morfología se traduce en un comportamiento de cazador al acecho, con movimientos muy lentos pero con un arranque fulminante cuando se trata de abalanzarse sobre la presa. Pero las similitudes no van más allá; las escamas del lepisosteo son muy diferentes a las de un pez óseo clásico: son romboidales y no superpuestas, sino yuxtapuestas, articuladas entre sí y cubiertas de un esmalte que las hace muy duras. El esqueleto no está completamente osificado, aunque en el lepisosteo óseo lo está mucho más que en otras especies del género. Las vértebras recuerdan a las de los reptiles y, aunque no tengan relación directa con éstos, su modo de capturar las presas mediante dentelladas laterales evoca el comportamiento del cocodrilo. La vejiga natatoria, en forma de panal, hace pensar en un pulmón. Es más, si el oxígeno escasea, el pez sube a la superficie para buscar el aire que contribuirá a oxigenar su sangre por medio de la vejiga, muy irrigada. El lepisosteo óseo se diferencia de las especies próximas por su hocico particularmente alargado y estrecho. Vive en solitario, en aguas poco profundas, al acecho de sus presas entre las hierbas acuáticas. La base bucal, muy extensible, le permite engullir piezas grandes a pesar de su «pico» aparentemente poco apto. Durante los fríos se aletarga y permanece tendido en el fondo.

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