Maurolico de Maller

Posee falsas perlas y sangre de mamífero

Entre los peces abisales de boca grande o Estomatoideos —junto a los gonostomas y pertenecientes a la misma familia— se sitúan especies de tamaño a veces aún más pequeño: los peces-perla. Batipelágicos y extendidos por todos los mares del globo, a veces los pescan en superficie y cerca de las costas, después de un tornado o cuando el mar está particularmente agitado. Su hábitat normal se sitúa, en efecto, en alta mar y a gran profundidad. Muy frágiles, rara vez son recogidos intactos por las redes finísimas que se utilizan para el estudio de las zonas abisales. Estos peces poseen órganos luminosos, los fotóforos, cuya disposición (en particular en los flancos) recuerda a una hilera de perlas. Algunos de esos órganos más voluminosos están además equipados con una especie de lenteja gelatinosa, un pigmento negro que reviste la glándula que hace la función de reflector. La disposición de estos fotóforos suele ser característica de una especie. La armazón bucal denuncia las costumbres depredadoras de estas pequeñas especies, cuyos dientes muy acerados sólo sirven de hecho para capturar. En efecto, las presas son tragadas enteras, lo que permite a los zoólogos formarse indirectamente una opinión más precisa, por el examen de los contenidos estomacales, de la microfauna de las fosas marinas. Señalemos también que el pez-perla de Muller es un pez abisal cuyos eritrocitos (glóbulos rojos de la sangre) son muy pequeños y curiosamente están desprovistos de núcleo, como en los mamíferos, mientras que los demás peces, incluidos los abisales, lo tienen.

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