Migala

Inspira miedo con sus largas patas velludas

La mígala es la mayor de las arañas conocidas. Existen varias especies, tan semejantes que únicamente pueden ser diferenciadas por especialistas. Terrestre y nocturna, la mígala pasa el día disimulada entre los detritus vegetales del bosque o en una pequeña madriguera que constituye su domicilio. Cuando llega la noche, sale de caza. Su alimento consiste en pequeños mamíferos, escorpiones, arañas, lagartos... En resumen, todas aquellas criaturas que es capaz de dominar son susceptibles de figurar en su menú. Cuando puede, la mígala ataca a los polluelos en los nidos para chuparles la sangre. Atrapa a su presa entre sus potentes ganchos bucales y le chupa los jugos hasta dejar un pequeño cadáver medio desecado cuando acaba su banquete. A pesar de disponer de glándulas venenosas, la mígala no es tan peligrosa para el hombre como se ha pretendido, y las historias de exploradores puestos en peligro por esta araña deben quedar con plena seguridad en el terreno de lo fantástico. Muchos guardianes de jardines zoológicos han sido picados por las mígalas, pero los envenenamientos han quedado localizados y no tuvieron peligrosas consecuencias. El veneno tiene una composición química compleja y hace las veces de jugo gástrico. La mígala lo instila en su víctima para predigerirla En efecto, bajo la acción de este líquido, el interior de la presa se licúa progresivamente, permitiendo a la araña, absorberla por succión. En libertad, la mígala tiene pocos enemigos, salvo una especie particular de avispa cazadora, que consigue paralizarla aguijoneándola insistentemente.

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