Myriánida

Una manera original de reproducirse

Este espléndido representante de la familia de los Síllidos vive en los herbarios a muy escasa profundidad, entre los guijarros y la gravilla; se la puede observar sobre la mayor parte de las costas rocosas. Las dos antenas que adornan la cabeza de la myriánida constituyen interesantes estructuras táctiles provistas de un nervio sensitivo central con numerosas prolongaciones laterales, ramificaciones que dotan a estos órganos de su aspecto foliáceo. En este anélido la madurez sexual se produce junto a profundos cambios tanto morfológicos como anatómicos. Sólo los segmentos del extremo posterior —que constituyen un «estolón»— elaboran los productos. Entre la región anterior del anélido y este estolón existe una zona de gemación a nivel de la cual se formarán los nuevos segmentos genitales; así, poco a poco, va surgiendo una importante serie de estolones todos del mismo sexo. El más antiguo, situado en el extremo de la cadena, adquiere una cabeza, se separa y se convierte en un animal independiente. Al cabo de algunos días de vida pelágica, libera sus productos genitales en el agua del mar; el producto de la fecundación, una larva trocófora, se metamorfosea en un individuo que cae al fondo. Así pues, se produce una alternancia de dos generaciones: una, asexuada, lleva una vida bentómca y la otra, sexuada, es pelágica. La parte anterior de la myriánida regenera rápidamente sus segmentos posteriores. Este fenómeno de estolomzación responde a un control endocrino; además, la ablación de la región anterior del anélido entraña una madurez precoz.

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