Ninfa de bosque

La oruga hiberna en una hoja seca

Desde principios del mes de junio, puede vérsela revolotear en el soto-bosque y las selvas húmedas de toda la zona peleártica. No suele encontrársela más allá de los 1500 m. Es solitaria y va en busca de los lugares muy soleados, en los que extiende al máximo sus alas para calentarse. La hembra deposita su puesta en las hojas de la madreselva. La superficie de los huevos tiene el aspecto de los panales de cera de las abejas. Hacen ecolsión al cabo de pocos días liberando unas pequeñas orugas verde-amarillentas muy voraces. Desde principios de otoño, se preparan para pasar el invierno. La joven larva recortará en el limbo un pequeño trozo de hoja unido al nervio central. Lo enrolla y luego rodea el peciolo con una pequeña envoltura de seda. Esta operación no tiene otro objeto que evitar la caída del pequeño refugio o hibemáculo. A finales de abril, se transforma en crisálida. Esta es de un bonito color verde-pardo con manchas amarillas. Su cabeza está coronada por un par de excrecencias. Una semana más tarde la mariposa está lista para salir. Hincha la cabeza y el tórax y la cutícula se rompe. Después saca el abdomen de la envoltura y permanece inmóvil, casi siempre suspendida y con las alas caídas. Una o dos horas más tarde, las alas se han desarrugado y podrá al fin emprender el vuelo. Es una magnífica mariposa de alas pardas adornadas con una franja blanca. Mide cerca de 6 cm de envergadura (la hembra es ligeramente mayor que el macho). Sus ojos están cubiertos de pelillos finos y la maza que se encuentra en la punta de cada una de sus antenas es muy alargada.

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