Ostra de perro

Los chinos hacían vidrio con sus conchas

Con sus dos valvas diferentes, esta ostra lleva adecuadamente su nombre genérico (anomios: desigual). La concha, con frecuencia redondeada, es muy delgada, casi translúcida, lo que le ha valido el sobrenombre de «piel de cebolla». Este molusco presenta un color violeta o amarillento y algunos individuos pueden ser de color blanco puro. Se encuentran fácilmente conchas de éstas en las playas, que los niños recogen atraídos por sus reflejos tornasolados y por su extremada finura. Con la mayor frecuencia, la ostra de perro vive adherida a las piedras de la zona costera superior, aunque puede también adherirse a las conchas, como la ostra común a la que se parece un poco; sin embargo, hay que tener buen cuidado de no confundirlas, porque la ostra de perro no es comestible. La especie ephippium (de silla), muy corriente, ocupa todas las zonas rocosas del litoral templado y cálido del este del Atlántico y del Mediterráneo. La irregularidad de la forma de las ostras de perro se debe principalmente al hecho de que, durante el crecimiento, los bordes de la concha se adaptan a la superficie sobre la que se encuentra. Estos moluscos viven horizontalmente y, a través de una escotadura en forma de herradura, salen los filamentos del biso que aseguran la adherencia a la roca, adherencia que se refuerza por la calcificación rápida de esos filamentos. Esta forma de anclaje les ha hecho perder sus ojos branquiales de la parte adherida, que llegaron a resultar inútiles, mientras que los del lado izquierdo seguían siendo funcionales; esta pérdida es claramente una adaptación a una forma de vida, ya que las larvas libres poseen ojos normalmente bilaterales.

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