Paguro ermitaño

Una feliz asociación animal

Los paguros ermitaños resguardan generalmente sus cuerpos en la concha vacía de un gasterópodo; su abdomen blando ha tenido que adaptarse a la torsión de esas caracolas y amoldarse a sus formas Los paguros ermitaños forman parte del suborden de los anomuros, intermedio entre los cangrejos de cola corta y las langostas de cola larga; poseen, pues, un abdomen de longitud media y no protegido por un caparazón. El paguro ermitaño «típico», Pagurus bernhardus, vive desde la zona de equilibrio de las mareas hasta a 90 m de profundidad. Común en todas las costas europeas, desde el Mar del Norte hasta el Mediterráneo, se le encuentra en colonias de varios centenares de individuos en los fondos arenosos o arenoso-cenagosos limpios. Le gustan también los herbarios de zosteras en los que vive diseminado, a menudo medio enterrado en el sustrato durante el día y saliendo sólo durante la noche. Generalmente no se observan más que individuos jóvenes en las costas, ya que los adultos, a medida que van envejeciendo, se retiran hacia las profundidades para no volver a remontar a la superficie. El paguro ermitaño presenta frecuentes asociaciones con otros animales, casi siempre del grupo de los cnidarios, bien sea con Hydractima echinata, minúsculo hidroide cuya colonia puede cubrir toda su caracola, bien con una anémona de mar, Sagartia parasítica, que vive adherida a su concha. Los intereses parecen, en este caso, recíprocos ya que el paguro hace que la anémona aproveche los restos de su comida y ésta le protege de ciertos depredadores gracias a sus células urticantes.

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