Paranyctimeno

Tiene las fosas nasales tubuladas

El paranyctimeno, género del que sólo se conoce una especie, constituye una curiosidad zoológica. Visto de cerca, este minúsculo panique porque se trata de una de las especies más pequeñas de la familia ofrece un aspecto insólito, mezcla de primate y monstruo de ficción. Las fosas nasales tubulares muy separadas y divergentes, junto con excepcional tamaño de los globos oculares, confieren realmente un extraño aspecto al inofensivo animalito. No se conocen apenas más de veinte ejemplares de este rarísimo quiróptero, cuya distribución geográfica se limita a las regiones elevadas de Nueva Guinea. Hasta 1964, sólo diez individuos figuraban en las colecciones de los museos de Nueva York y Londres. En realidad, el paranyctimeno está tan estrechamente emparentado con el nyctimeno, que el especialista americano Tate no le distingue de éste más que por un pequeño detalle de la morfología dentaria. Realmente, es bien poco. Resulta difícil hablar de este animal del que incluso los zoólogos lo ignoran casi todo. Se ha observado que el animal se desplaza con una agilidad poco corriente colgado boca abajo de las ramas. Probablemente, sus ojos tan grandes tienen una función precisa, facilitándole la localización de los frutos. Desgraciadamente, no existe ninguna relación científica de las costumbres del paranyctimeno, a no ser que, durante un mes de agosto se capturó a una hembra que llevaba a una cría a la que estaba amamantando. Evidentemente, pocos zoólogos especializados en el estudio de los murciélagos se aventuran a caminar por las inhóspitas junglas de las montañas de Nueva Guinea, para dedicarse a observaciones nocturnas.

ARTICULOS QUE TE PUEDEN INTERESAR...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *