Pato aguja

Una clasificación muy controvertida

La posición sistemática del pato aguja se sigue discutiendo, ya que algunos especialistas consideran que sólo existe una especie con tres subespecies, mientras otros prefieren mantener tres especies diferentes, e incluso un tercer grupo considera que todas las aves de esta formación deben incluirse en una única e igual especie. La tesis adoptada aquí parece la más razonable. El pato aguja se caracteriza por su cuello extremadamente largo (mide cerca de 30 cm) y su gran pico puntiagudo, parecido a una flecha. Frecuenta las orillas de las aguas dulces, ríos, lagos, estanques, brazos fluviales, lagunas e incluso de los manglares. Los ingleses le han denominado muy justamente ave serpiente, por la costumbre que tiene de nadar con el cuerpo sumergido y sacando fuera el cuello y la cabeza. A semejanza de los cormoranes, de los que es pariente, se queda colgado sobre la rama de un árbol durante horas, a pleno sol, con las alas medio desplegadas, a la espera —eso parece— de que las plumas se sequen. Es extremadamente ágil en el agua, de donde atrapa los peces proyectando bruscamente el cuello sobre ellos. Saca la presa que tiene sujeta entre las mandíbulas y sale del agua lanzándola al aire, volviendo ésta a caer de cabeza en el gaznate del pato aguja. La nidificación se realiza en pequeñas colonias de 10 a 12 parejas. Los nidos están construidos de ramajes encima de los árboles que emergen del agua. Los huevos, de color azul claro o verde pálido, están recubiertos de un revestimiento calcáreo blanco. La puesta tiene lugar en un intervalo de uno a tres días. Macho y hembra garantizan la incubación. En el momento de la eclosión, las crías nacen desnudas, tienen los ojos cerrados y son de color pardo.

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