Pez ballesta

Un bello pez, pero peligroso de manipular

El pez ballesta se caracteriza por su boca en forma de pico, cuyas mandíbulas están provistas de dientes extremadamente sólidos, que le permiten taladrar las conchas y así poder devorar su contenido. Todos los peces ballesta llevan sobre el lomo una espina muy dura, que un ingenioso sistema les permite bloquear en posición vertical. Es un arma defensiva muy eficaz, sobre todo cuando reposan en alguna fisura de una roca. Los peces ballesta son animales bastante curiosos. En efecto, sus dientes están implantados en alvéolos, al contrario que los de los demás peces. Los ochos dientes tienen forma de buril y hay que tener sumo cuidado con ellos. La vida de los peces ballesta está todavía llena de misterios. A pesar de que estos peces son bien conocidos y figuran entre los predilectos de los acuariófilos, sus costumbres, así como su biología, son aún bastante desconocidas. Se dice que puede ser peligroso comerlo y que su carne es venenosa. Esta observación no ha sido confirmada, pero pudiera ser que el pez ballesta se vuelva tóxico tras haber comido cadáveres de animales marinos que hubieran consumido algas y microorganismos planctónicos venenosos. Lo que sí es cierto, evidentemente, es que el hecho de manipular un pez ballesta conlleva grandes riesgos. Un cierto número de peces ballesta está ornado de colores muy vivos, dispuestos en barras y en líneas, que hacen muy vistosos a estos peces. Se trata de una eficaz protección contra eventuales depredadores que, si ya han experimentado a sus expensas la defensa corporal de un pez ballesta, no se vuelven a arriesgar de nuevo.

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