Phoronis hippocrepia

Al principio, se creía que su larva era un organismo completo

En 1845, el célebre naturalista J. Müller encontró, en la superficie del agua de mar, un pequeño animal de 3 mm de longitud, que avanzaba regularmente por el agua con la única ayuda de sus tentáculos radiales. Al principio, no se supo en qué grupo zoológico clasificarlo, y sólo más adelante halló otro zoólogo uno de estos animalillos en plena metamorfosis. Estaba en presencia del primer Phoronis hippocrepia, cuya larva planctónica había descubierto Müller. Los Foronidios viven en un tubo membranoso que segrega su cuerpo, y llevan en su extremidad anterior un penacho tentacular o lofóforo. Estos gusanos muy rara vez salen de su tubo, que se halla, según las especies, en la arena o en el limo, en el suelo de residuos pegados o en las rocas. A veces, incluso, se encuentran especies que perforan las conchas o las piedras calcáreas. Estos gusanos, a menudo gregarios, producen en la superficie de las piedras tal entrelazado de tubos que hacen recordar un nido. Son muy temerosos; el menor golpe, o incluso una sombra que pase sobre sus tentáculos, hace a éstos retraerse como el rayo al fondo del tubo. Este gusano posee a la vez órganos genitales masculinos y femeninos, pero las células sexuales (gametos) no maduran al mismo tiempo, lo que impide la autofecundación. Los huevos se pegan al lofóforo, donde quedan protegidos hasta la eclosión de la larva.

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