Psolus

Una holoturia que incuba sus huevos

Entre las holoturias o pepinos de mar, algunas de cuyas especies viven cerca de las costas y son observadas por los buceadores, existen otras que no se encuentran más que a partir de profundidades de varios centenares de metros. Este es el caso del psolus, extrañas holoturias que se han adaptado a vivir pegadas a la roca. Aplastadas dorsoventralmente, la cara dorsal está cubierta de placas de protección, mientras que la ventral sirve de suela reptadora. La boca está situada dorsalmente y rodeada de tentáculos que, en los dendroquirotas, son retráctiles gracias a los músculos longitudinales que poseen. Por otra parte, estos tentáculos equivalen a ambulacros diferenciados. Los psolus pueden ser tan numerosos hacia los 500 m de profundidad, que representan, en ciertos casos, casi el 50 % del número de ejemplares que viven en esas aguas, ya oscuras. Una particularidad de estas holoturias es la de incubar sus huevos: mientras que los otros pepinos de mar se contentan con arrojar los suyos al exterior sin ocuparse de ellos, los psolus protegen el desarrollo de su progenie guardando sus huevos hasta la eclosión, y algunas especies incluso después las larvas, bajo su suela reptadora. Los psolus están ampliamente distribuidos en todos los mares del mundo, desde el Artico hasta el Antàrtico y, según la latitud, desde algunas decenas de metros hasta una profundidad de 1000 m aproximadamente. Al contrario que las otras holoturias, los psolus poseen un esqueleto externo formado de placas calcáreas sobre la cara dorsal, que constituye un verdadero caparazón escamoso.

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