Raya venenosa

Camuflada en el fondo, pica con su dardo envenenado

La raya venenosa, llamada también pastinaca, se parece a las rayas verdaderas y a los torpedos, pero forma una familia propia, la de las dasiátidas. Existe una centena de rayas venenosas diferentes, cuyo peso varía de los 700 g a los 350 kg. La que ilustra nuestra ficha es la raya venenosa de Jamaica, que vive en las cálidas aguas del mar de las Antillas. Las rayas venenosas tienen en la cola un largo aguijón venenoso muy duro. Este aguijón, o dardo, está implantado aproximadamente en el primer tercio de la cola. Estas rayas viven generalmente en aguas poco profundas, cerca de las orillas, y nó descienden más allá de los 120 m. Cierto número de especies remontan los estuarios e incluso los grandes ríos. Por eso se encuentran rayas venenosas en el Amazonas, a más de 3.000 km de su desembocadura en el Atlántico. La raya venenosa pasa la mayor parte de su tiempo en el fondo, con el cuerpo a veces hundido en la arena, donde acecha pacientemente a sus presas. Cuando una raya se siente amenazada, se pone a dar furiosos coletazos hacia los lados. ¡Pobre del pez o del desgraciado bañista al que alcance el aguijón acerado como una espada! Entre las grandes rayas venenosas, ese dardo puede medir 30 ó 40 cm de largo. Cuando pica, la raya inyecta su veneno en la víctima, cuya carne ha sido herida y desgarrada por el dardo. La menor picadura de una raya pequeña puede hacer perder el sentido a un hombre. El veneno es fulminante y actúa sobre el corazón, los nervios y la respiración y esas perturbaciones van acompañadas de violentos dolores.

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