Sabela

¡Qué espectáculo el de las sabe/as abriéndose al sol en aguas poco profundas!

Este anélido poliqueto lleva una vida sedentaria en el interior de un tubo que posee el aspecto y la consistencia del caucho, y que segrega el animal sobre el limo o la arena del fondo del mar Este tubo, de 10 a 25 cm de largo, emerge verticalmente del sedimento La parte superior presenta incrustaciones de fino limo gris, mientras que la parte escondida suele estar fijada a restos de conchas o guijarros. Del cuerpo, amarillo anaranjado o gris violáceo, sólo se ve sobresalir el penacho de branquias. Este se compone de dos lóbulos semicirculares que llevan cada uno de 8 a 45 filamentos verdosos, flexibles, cruzados por numerosas rayas pardo-rojizas. Forman un embudo de 3 a 6 cm de altura, que sirve para respirar y para drenar hacia la boca las micropartículas de que se alimenta. Este animal es muy sensible, y el menor remolino de agua hace que, en un abrir y cerrar de ojos, retraiga el penacho dentro del tubo. Al contrario que muchos otros gusanos tubícolas, éste no posee opérculo para encerrarse Se ha descubierto recientemente en la sabela la existencia de células nerviosas gigantes en el cordón ventral que recorre al animal en toda su longitud. Esto es muy importante, ya que permite realizar estudios, muy delicados por otra parte, sobre el comportamiento eléctrico de estas células. Este anélido posee una sangre de color verde que circula a lo largo de todo el cuerpo a través de unos vasos contráctiles que palpitan tanto más aprisa cuanto mayor es la temperatura exterior.

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