Sapo partero

Transporta sus huevos en la espalda

De todos nuestros batracios europeos, éste es el más digno de destacar, ya que el nombre de «sapo partero» que se le da es del todo exacto. Es el macho quien se ocupa totalmente de la incubación de los huevos, y merece el calificativo de partero que le han dado los zoólogos: Alytes obstetricans. Este sapo de pequeño tamaño no se caracteriza ni por su aspecto ni por su coloración. Son sus costumbres las que llaman la atención. Al contrario que los otros sapos y ranas, que se aparean y se reproducen en el agua en primavera, el alyte lo hace en tierra. Por otro lado, tiene un modo de vida muy discreto y generalmente se queda hundido en la arena húmeda; por la noche, sale a cazar pequeños insectos y moluscos de los que se alimenta. Lo más curioso de esta vida escondida es el hecho de que el sapo partero canta estando enterrado en la arena. Se percibe su dulce voz, parecida al tintineo de una campanilla, sin llegar a descubrir de dónde viene. La piel del sapo partero es muy tóxica y la mucosidad que la humedece constantemente basta para matar un ratón e incluso una víbora, por simple contacto con las mucosas. Este veneno puede ser inofensivo para el hombre, si éste evita frotarse los ojos después de haber tenido un sapo partero en la mano. Durante el apareamiento, el macho sujeta a la hembra enlazándola entre sus patas anteriores, mientras le da masaje con sus patas posteriores. Los huevos son fecundados a su aparición y el macho envuelve sus miembros posteriores con los cordones de huevos. Los pasea hasta su eclosión y va frecuentemente a humedecerlos al agua.

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