Sapo verde

Le gusta el agua más que a los demás sapos

El sapo verde es en general menos conocido que su pariente común, al que se parece por su forma y por su aspecto. Tiene la piel verrugosa, particularmente en la región dorsal. Es difícil describir a este sapo que, a pesar de lo que indica su nombre, no siempre es verde. Al contrario, este animal sufre numerosas variaciones en su color, que puede ser crema, blanco, rosa u oliváceo de fondo, con manchas por todo el cuerpo de tamaño variable verde esmeralda, grises o incluso negruzcas. Se conocen varios sapos verdes unicoloros y sin manchas, lo que hace que su identificación sea difícil, como se puede suponer. Los mismos especialistas encuentran dificultades para reconocer a algunos individuos, de los que se cree que podrían ser producto de una hibridación interespecífica. El macho es ligeramente menor que la hembra. El sapo verde tiene costumbres más acuáticas que el sapo común. Es menos patoso, más ágil y puede correr con facilidad. Su forma habitual de andar es a saltitos. No sale exclusivamente de noche, pues no teme mostrarse en pleno día y soporta el sol cuando se encuentra en el agua. Llega hasta muy alto en montaña y alcanza cerca de los 5.000 m en la cordillera del Himalaya. En invierno, el sapo verde cae en letargo, en el interior de un agujero profundo o en una madriguera, protegido del hielo. También se esconde bajo las rocas. Desde los primeros días buenos de la primavera, reemprende su actividad y piensa en acoplarse incluso antes de haber comido.

ARTICULOS QUE TE PUEDEN INTERESAR...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *