Sepia común

Este extraño molusco posee unos ojos muy perfeccionados

La sepia nunca terminará de asombrar a los científicos. Es uno de los moluscos más singulares porque, a pesar de su forma, y aunque parezca imposible, está emparentada con los caracoles y las babosas. Posee dos grandes ojos que son idénticos a los de los animales vertebrados, lo que resulta muy notable en una criatura tan primitiva. Por las particularidades anatómicas de su epidermis, la sepia es capaz de cambiar de color y de adaptar perfectamente su propia coloración a la del medio ambiente. Su paleta de colores es de una riqueza increíble, y cambia de aspecto en unos segundos, sobrepasando así al más rápido de los camaleones. Este camuflaje indispensable le asegura una defensa en el mundo marino frecuentado por toda clase de enemigos. Es difícil conocer a la sepia, si no es por su hueso, blanco, ovalado y aplanado, que constituye un complemento alimenticio indispensable para los pájaros enjaulados. Este hueso de textura gredosa es en realidad el caparazón interno de la sepia y se encuentra situado en su dorso. Es un cuerpo poroso más o menos lleno de aire, que asegura a la vez el equilibrio y la flotación del animal. La sepia posee un ingenioso sistema de sifón, que le permite propulsarse con rapidez aspirando agua para expulsarla violentamente por detrás. Cuando teme el ataque de un enemigo, segrega un líquido azul negruzco, del mismo aspecto que la tinta y que forma rápidamente una nube opaca a su alrededor, lo cual le permite huir sin ser vista, o agazaparse en el fondo de cualquier agujero. Su cabeza lleva diez tentáculos que le sirven para capturar presas.

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