Serpula

Una de las «flores animales» de los fondos marinos

La serpula vermicular, muy común, puede observarse con marea baja, adherida a las piedras o a conchas viejas. Es una especie muy cosmopolita que ha elegido domicilio en casi todos los mares del mundo, en los que vive a diversas profundidades en los fondos rocosos y pedregosos. Por encima del tubo calizo de este anélido sedentario, se eleva un magnífico penacho plumoso constituido por dos grupos de unos cuarenta tentáculos cada uno. Estos filamentos mucosos, unidos entre sí por una especie de membrana palmar, están tapizados de multitud de finas bárbulas. Aunque se utilizan como superficies respiratorias, no son sin embargo verdaderas branquias. De hecho, la misión primordial de estos elementos consiste en capturar las partículas alimenticias. Por otra parte, uno de estos tentáculos, mucho más alargado y desprovisto de bárbulas, termina en forma de embudo y sirve de opérculo, obturando el tubo cuando el animal se retrae. Uno de los principales problemas que se les plantean a todos los anélidos tubícolas es la eliminación de los productos de desecho; en los serpúlidos, las materias fecales quedan primeramente envueltas en mucus y luego emprenden su camino por un canículo por el que serán conducidas, gracias a los movimientos de los cilios que lo tapizan, al exterior del tubo. El sistema circulatorio de la serpula está bastante bien desarrollado: dos gruesos vasos (dorsal y ventral) asociados a gran número de vasos capilares permiten que la sangre desempeñe un papel nada despreciable en el transporte de las materias nutritivas o de los desechos, así como en la respiración.

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