Solífugo

Sus terribles mandíbulas le permiten devorar incluso lagartijas

Los solífugos, de los que se conocen cerca de 600 especies, son criaturas emparentadas con las arañas, pero se distinguen de ellas por el extraordinario desarrollo de las mandíbulas. Se encuentran solífugos en todas las regiones secas y cálidas de los trópicos, pero ciertas especies viven también en los bosques más o menos húmedos. Su tamaño es muy variable de una especie a otra. Los mayores tienen un tamaño muy parecido al de las migalas. Vista de cerca, la cabeza de un solífugo es verdaderamente aterradora. El nombre de solífugo (que huye del sol) índica claramente que estos animales tienen costumbres nocturnas. Algunas especies, sin embargo, constituyen la excepción, ya que viven bajo los rayos abrasadores del sol tropical, de donde les viene su nombre brasileño de «aranhas do sol», arañas del sol. Los solífugos se desplazan muy rápidamente, gracias a sus ocho largas patas guarnecidas de pelos. Son carnívoros y devoran tanto a sus congéneres más pequeños que los escorpiones como lagartijas e incluso pajarillos sin defensa o pequeños mamíferos del tamaño de un ratón. La víctima es mordida y luego el solífugo succiona todo su jugo hasta que queda harto. Como no es frecuente encontrar alimento, el solífugo aprovecha al máximo las ocasiones que se le presentan. No bebe nunca, ya que los líquidos que succiona de sus presas le bastan. Algunas veces, se ha pensado que los solífugos son venenosos. Esto no es exacto, pero sí es cierto que son capaces de infligir heridas extremadamente dolorosas cuando se intenta cogerlos sin tomar precauciones suficientes.

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