Spirula

Un misterioso y pequeño cefalópodo

Emparentada con las sepias, la spirula, de la que no se conoce más que una especie, está enmarcada, sin embargo, en una única familia particular a causa de su concha interna, en espiral como la del nautilus, pero enrollada en sentido diferente. Esta concha comprende unos treinta compartimentos llenos de gas y separadas por tabiques, atravesados por un conducto que va unido al sifón; el conjunto sirve de aparato hidrostático y permite al animal mantenerse a diferentes profundidades. La cabeza ocupa alrededor de la tercera parte de la longitud de su cuerpo, pero los brazos son muy cortos. Dos pequeñas aletas se insertan un poco antes de la extremidad del cuerpo y le aseguran una lenta locomoción, pues el principal agente propulsor, particularmente para los movimientos rápidos, es el embudo por donde la spirula lanza chorros de agua que la hacen avanzar a reacción. Casi no se sabe nada de la vida de este molusco, ya que se desarrolla en las aguas profundas, entre 250 y 1000 m o más. Las conchas internas de las spirulas muertas suelen ser arrojadas a las playas, como el hueso de la sepia. Parece que la puesta se efectúa en los fondos marinos. Un órgano luminoso situado en la extremidad posterior del cuerpo desprende un resplandor amarillo verdoso; en los ejemplares cautivos se ha comprobado que esta emisión podía durar cuatro horas. Puede ser que este resplandor facilite la cohesión de los grupos de spirulas, que evolucionan en un medio donde reina una permanente oscuridad. La spirula se defiende de sus enemigos pinchándolos con su pico córneo y ocultándose detrás de una nube de tinta, como hacen los pulpos.

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