Tapaya modesto

Salpica sangre de sus párpados, un enigmático medio de defensa

El tapaya modesto presenta un cuerpo ovoide recubierto de escamas espinosas, tiene las patas cortas y una cola delgada, corta y cilindrica. Su rechoncha cabeza lleva en la parte posterior 4 espinas de igual longitud. Todas las espinas que cubren el cuerpo de este lagarto constituyen un sistema eficaz de defensa contra sus posibles depredadores. Su color varía, pues es más claro durante la noche y hacia el mediodía, haciéndose más sombrío, probablemente en función de la luz y la temperatura. Frecuenta las regiones arenosas y desérticas, las mesetas áridas o semiáridas con vegetación de arbustos o matorrales. Los adultos adoptan el tono general del medio donde viven. Tanto por su forma como por ese mimetismo suelen camuflarse bien resultando difícilmente visibles. Cuando uno se acerca a este tapaya, primero permanece inmóvil y después, bruscamente, se desplaza a gran velocidad parándose luego también súbitamente para virtualmente desaparecer sobre el suelo. Tiene la capacidad de permanecer enarenado, evitando así los duros calores que, durante el día, aprietan en la superficie. Cuando está escondido en la arena sólo asoman fuera el hocico y los ojos, lo que le permite capturar sus presas, que son básicamente insectos. Este género presenta un especial y curioso comportamiento que todavía sigue siendo algo enigmático. Algunos individuos tienen la particularidad de expulsar por los ojos unas gotas de sangre, que deben provenir de la brusca ruptura de los pequeños vasos existentes en la membrana nictitante del ojo. Podría tratarse de un medio defensivo contra un posible agresor.

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