Tiburón cerdo

Un superviviente de la era secundaria

El tiburón cerdo, del que se conocen varias especies ampliamente distribuidas en las aguas poco profundas de los mares cálidos, es un verdadero fósil viviente, que ha subsistido a lo largo de las épocas geológicas para llegar hasta nosotros como olvidado por las leyes de la evolución. En efecto, el tiburón cerdo es un fósil viviente, ya que los paleontólogos han descubierto fósiles suyos cuyos esqueletos presentan todos los detalles estructurales y morfológicos, llegándose a la conclusión de que este pez singular ha existido ya bajo una forma absolutamente igual desde hace por lo menos 150 millones de años. Este tiburón, muy perezoso y de temperamento plácido, permanece generalmente en el fondo, donde se alimenta de diferentes especies de moluscos bivalvos y de crustáceos, a los que tritura con sus mandíbulas muy especializadas. El tiburón cerdo debe su nombre al repelente aspecto que ofrece. Sus orificios nasales forman unos salientes a ambos lados de la boca, armada con numerosos dientes. Los anteriores son muy puntiagudos y sirven para coger y sujetar a las presas, mientras que los numerosos dientes que cubren el fondo de la boca están aplastados en forma de muelas, que trituran y machacan los duros caparazones de sus víctimas. Las dos aletas dorsales están provistas, en su zona anterior, de una espina peligrosamente afilada, que está canaliculada, permitiendo la salida de un veneno muy tóxico producido por unas glándulas especiales. Es peligroso manipular un tiburón cerdo, a causa de la gravedad de las picaduras que pueda ocasionar. Debemos añadir que el tiburón cerdo es uno de los más lentos nadadores del mundo de los tiburones.

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