Tiburón leopardo

Un asesino que hace honor a su nombre

El tiburón-leopardo, bien llamado así a causa de los dibujos en forma de manchas que adornan su cuerpo, es una de las especies más pequeñas de tiburones. Propio de las aguas calientes y templadas del océano Pacífico occidental, abunda en los arrecifes coralinos de la Polinesia. Carnívoro y depredador como los demás tiburones, nuestro tiburón-leopardo ataca apresas muy modestas, que corresponden a su pequeño tamaño. Se piensa generalmente que los tiburones son obligatoriamente criaturas peligrosas y sanguinarias. Esto es cierto por lo que respecta a algunas de las mayores especies, pero los gigantes son minoría en este grupo de supervivientes de la prehistoria. Existe una gran cantidad de tiburones que no sobrepasa el metro de longitud y algunos son menores incluso. El ejemplar enano sólo mide 27 cm cuando es adulto y pesa 71 gramos. Nos encontramos aquí muy lejos del tiburón-ballena que alcanza los 18 metros de longitud. El tiburón-leo-pardo está estrechamente emparentado con los conocidos perros marinos, que abundan en las aguas costeras del Atlántico y del Mediterráneo. El tiburón-leopardo frecuenta las aguas poco profundas, de fondo rocoso. Como todos los demás tiburones, no ha evolucionado prácticamente desde el origen de los vertebrados marinos, es decir, desde el período cretácico. Si existen verdaderos fósiles vivientes, éstos son, sin duda, los tiburones, que han conservado absolutamente todas las características morfológicas y anatómicas de sus antepasados que se han encontrado petrificados. La biología del tiburón-leopardo nos es desconocida y sabemos muy poco acerca de su reproducción.

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